martes, 4 de junio de 2013

Sí, PERSEVERO PADRE/SEVERO

GUADAÑAZOS PARA LA                            
BeLLA ViLLA            
                " La literatura a tajo abierto"     

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Edición No. 81, junio de 2013
Directores: Raúl Jaime Gaviria / Hernán Botero Restrepo
Publicación de Revista Asfódelo
Colaborador permanente: Rubén López Rodrigué
Correo electrónico: revistasfodelo@yahoo.com


Sí, PERSEVERO PADRE/SEVERO
Rubén López Rodrigué


El hecho de no creer en la novela histórica como género no me impide valorar Fuego de amor encendido de José Libardo Porras. Su propósito al escribir la novela no fue informar al lector de acontecimientos pasados (función que corresponde a la historia), sino tratar de responder a una cuestión moral, hecho que se convierte en el motor de su escritura.
La novela empieza con una festividad, en concreto con un desfile donde un par de amigos –Julián y Antonio– conocen a Eloísa Alzate. Ella es la típica mujer con el malestar de sentirse incómoda y fuera de lugar en su ambiente, no importa cuál sea; una mujer que no pertenece a ninguna parte, una extraña sumida en un mundo indiferente y hostil. «¿Soledad femenina? ¿Cómo será la soledad de los hombres? La suya es un sentimiento de orfandad y extrañamiento. No soy de aquí ni de ahora. Sin importar los países ni los siglos, para mí sería igual, ¿cómo será para las demás?, ¿dónde podrán las mujeres ser lo que quieren ser? Su soledad no es carencia de compañía, no depende de los otros sino que es una cicatriz en lo profundo, en el alma, y la presencia de otro puede ayudar a agrandarla». 
La novela es una metáfora de la condición femenina, indesligable de la condición social imperante. Trata de la alienación de «la casa», el encerramiento entre cuatro paredes para embrutecerse con los oficios domésticos, sin ninguna perspectiva de plenitud. Con todo, al otro lado del inmenso bosque, a Eloísa Alzate la espera el mundo, no la casa donde muere.
Por instantes, Eloísa se abstrae en sus pensamientos sobre qué estarán haciendo Julián o Antonio, pero piensa más en el primero. Es la jovencita típica que fantasea con un novio imaginario, desesperada por descubrir su poder de seducción pero pasiva; la regla era que una muchacha debía esperar a que se fijaran en ella sin tomar la iniciativa. Eloísa procedió así y duda si fue atinado no haberle dicho a Julián lo mucho que le gusta, haber callado y esperar a que él diera el paso. Ganas no le faltaban, lo que le faltaba era el atrevimiento.
Por momentos, Fuego de amor encendido, novela ambientada en la segunda mitad del siglo XIX, huele a enjalma carrasquillesca. Es una novela de actualidad dado el empuje pulsional que mueve a los personajes, sean estos ficticios con nombres y apellidos representativos en la tradición antioqueña, o sean históricos como Recaredo de Villa, presidente del Estado Soberano de Antioquia, o el obispo Monseñor Valerio Jiménez, quienes son recreados en hechos como poner la primera piedra de la primera sala de maternidad.
Siendo un escritor con el privilegio de la madurez, Porras puede permitirse  trascribir sucesos de un siglo atravesado sin tregua por las guerras civiles. El escepticismo del autor no permite que sus personajes escapen a la tragedia, menos en una época tan semejante en belicosidad a la actual. Ello en una perspectiva realista, como la de Historias de la cárcel Bellavista, que excluye los fantaseos de El continente sumergido, otra de sus obras, donde hace un viaje interior con cierto matiz surrealista.
Es evidente que el propósito de José Libardo Porras consiste en mezclar ficción con historia, en una articulación de estos dos géneros destinada a trazar una imagen del Medellín de la época decimonónica y bosquejar una idea del ser humano en el presente, es decir, ese pasado nos sirve para explicar la actualidad.
Mi planteamiento apunta a la sutileza de las fronteras entre historia y literatura. Si bien la historia se propone ser una ciencia objetiva, vale decir, pretende dar cuenta de hechos verdaderos (cosa que no siempre logra, eso suele ser parcial y depende de quien relate y el mundo y la época a los que pertenece), la literatura tiene un propósito artístico, subjetivo. Si la historia y la literatura incursionan la una en la otra a fin de alimentarse mutuamente con su savia, el novelista cumple con su tarea de construir una imagen con sentido, una imagen coherente de una época mediatizada por unos personajes.
Necesariamente el autor realizó una investigación histórica, por ejemplo en torno a las costumbres de la época, la influencia que ejercía la iglesia católica en sus habitantes, las intrigas entre liberales y conservadores que no impidieron que dos hijos de antagonistas políticos, Julián y Eloísa, contrajeran matrimonio. Y no podía faltar la criticadera. Eloísa Alzate se convierte en chivo expiatorio de las culpas de los pobladores que la califican de desvergonzada, díscola, arpía, bruja, arrabalera; sienten que estaba escandalizando en la catedral, andando con Julián y el señorito Antonio Santamaría en el centro de la Plaza Mayor, mientras cantan y se alegran al son del violín.
Pero Julián muere y su amigo Antonio pasa a ocupar su lugar en la vida de Eloísa. Y viene el inevitable olvido, que es la verdadera muerte. Antonio piensa: «Hoy lo lloran y le rezan, mañana solo le rezarán; después, si acaso, lo recordarán sus papás; por último, hasta ellos lo olvidarán: ¿Julián Restrepo?, ¿quién era Julián Restrepo?».
Da la impresión de que el escritor hubiese acudido a la máquina del tiempo a fin de viajar hacia fines del siglo XIX con miras a dar un testimonio objetivo desde los puntos de vista sociológico y geográfico. Todo ello sin caer en la idealización a causa de la distancia temporal y espacial de un autor de comienzos del siglo XXI.
Fuego de amor encendido tiene un estilo que por su tono me produce extrañeza. Con su forma fragmentaria el escritor seguramente nos dirá que la realidad es discontinua, fragmentada. La fidelidad a la historiografía de la segunda mitad del siglo XIX se traduce en la rigurosidad con lugares y calles: la Plaza Mayor, la Botica de los Isaza, la agencia de El Zancudo, el Banco de Antioquia.
En cuanto al artificio temporal, la narración es en presente histórico, que sigue cumpliendo funciones de pasado, pero acercando los hechos de tal manera como si gozaran de una contemporaneidad. El autor va del presente al pasado y viceversa, actualizando ese pasado y dando a comprender con sus predicados que el ser humano en su esencia ha sido siempre el mismo… y no cambiará.
Tratándose de una novela en que el tema histórico es algo relativamente remoto, no existe la posibilidad de que el lector juzgue los datos de la ficción de acuerdo a los hechos de la realidad. En el tratamiento político el elemento subjetivo predomina sobre el testimonio objetivo, tanto para el lector como para el autor, quien rompe las censuras de la conciencia a fin de liberar sus fantasmas interiores.
Eloísa Alzate nació en un complicado parto que ocasionó la muerte de su madre, y creció al amparo de la abuela paterna quien le contaba historias sobre su padre. El bisabuelo era un capitán de la escuela de Brienne que, por servir y propagar las ideas de Napoleón, se enroló en la campaña libertadora de Bolívar. Las narraciones de la abuela afloraban en detalles y se iban intercalando en los estudios de música, gramática, caligrafía y lectura de la muchacha, saberes que según la anciana eran indispensables para el espíritu.
A mi juicio la verosimilitud falla en el caso de Eloísa, la protagonista. Es dudoso que, de acuerdo al contexto de la época, exclusor radical de las mujeres, exista una intelectual como ella que escribe sesudos artículos de política en “La Crónica”. No es que ello no sea posible, por lo menos en literatura, pero es la forma como está construida la novela la que no me permite concebir a una pensadora como ella.

martes, 28 de mayo de 2013

Poemas de Bei Dao (traducciones de Raúl J. Gaviria)

GUADAÑAZOS PARA LA                            
BeLLA ViLLA            
                " La literatura a tajo abierto"     

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Edición No. 80, mayo  de 2013
Directores: Raúl Jaime Gaviria / Hernán Botero Restrepo
Publicación de Revista Asfódelo
Colaborador permanente: Rubén López Rodrigué
Correo electrónico: revistasfodelo@yahoo.com




POEMAS DE BEI DAO
Traducciones de Raúl Jaime Gaviria

Este día

el viento sabe lo que el amor es
el verano del día destella majestuosos colores
un solitario pescador examina
la herida del mundo
una campana oscila violenta y se inflama
gente corretea en la tarde
asumiendo las consecuencias del tiempo

alguien se inclina hacia el piano
alguien carga la escalera del pasado
el adormecimiento se pospone unos minutos
sólo unos minutos
el sol indaga la sombra
y bebiendo agua de un espejo lustroso
veo al enemigo

en medio de un viejo buque petrolero
la canción del tenor enfurece al mar
a las tres de la madrugada abro una lata
y pongo al fuego algunos peces


Sin título

las personas se apresuran, llegan,
retornan a otra vida, se desvanecen en sueños de pájaros
el sol vuela hacia campos de trigo
luego regresa persiguiendo a los mendigos

quien ha rivalizado ante la altura del cielo
aquel cantante que murió joven
planea sobre el mapa del clima
vuela hacia tormentas de nieve portando una lámpara

compré un diario
tomé el cambio del día
y al entrar en la noche
me deslicé hacia una nueva identidad

peces de alabanza
se mueven a través de las lágrimas de todos
escuchen, ustedes, amigos venciendo la corriente, tan vigorosos
y enérgicos, cuán lejos está el mañana

 

Sin título

Una trompeta labra la tierra
como un agudo arado: ¿por cuánto tiempo más
hasta que la luz del sol irrumpa en la tierra?

¿por cuánto tiempo más hasta que aquellos que escuchan con veneración
se volteen y nos vean?
¿por cuánto tiempo más hasta que nosotros
a través de esfuerzo y ejercicio
alcancemos la gloria?

hasta que el grano llegue al granero
este pensamiento a nadie pertenece
una caída en el nivel del agua entre
este instante y la otra vida;
inmensas olas rompen contra la orilla
próximos a la puerta de la juventud
escuchamos las salvajes palpitaciones

en un espacio aún más vasto
sueño apilado con pajas de arroz

 

Paisaje sobre cero

es halcón enseñando a nadar a la canción
es canción rastreando el primer viento

intercambiamos fragmentos de gozo
que atraviesan la familia desde diversas direcciones

es un Padre que reafirma la oscuridad
es la oscuridad que lleva hacia la luz de los antiguos

una puerta de gimiente oscilación se cierra
ecos persiguen su llanto

es una pluma que florece en vana esperanza
un brote resistiendo la ruta inevitable

un fulgor de amor que despierta para
encender un paisaje sobre cero





Participó brevemente en la Revolución Cultural y en 1969 trabajó como obrero de la construcción. Un año más tarde comenzó a escribir poesía. En 1978 y durante un breve periodo publicó su revista Jintian en el Muro de la Democracia. Representante de la poesía oscura o elusiva, fue uno de los 33 intelectuales chinos que firmaron en abril de 1989 una petición exigiendo de esas autoridades el respeto de los Derechos del Hombre y la democracia, dos meses antes de los sucesos organizados por los estudiantes en la plaza de Tiananmen. A consecuencia de ello, Bei Dao tuvo que exiliarse. Es uno de los miembros fundadores del Parlamento Internacional de los Escritores, ha vivido en Suecia e Inglaterra y actualmente reside en Estados Unidos.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Acerca de “Mi extraño viaje al mundo de Shambala” de Mario Mendoza

GUADAÑAZOS PARA LA                            
BeLLA ViLLA            
                " La literatura a tajo abierto"     

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Edición No. 79, mayo  de 2013
Directores: Raúl Jaime Gaviria / Hernán Botero Restrepo
Publicación de Revista Asfódelo
Colaborador permanente: Rubén López Rodrigué
Correo electrónico: revistasfodelo@yahoo.com



Acerca de “Mi extraño viaje al mundo de Shambala” de Mario Mendoza
Hernán Botero Restrepo

Recientemente ha aparecido en el mercado del libro colombiano la última obra de Mario Mendoza titulada Mi extraño viaje al mundo de Shambala. A mi juicio esta aparición es algo que debe celebrarse sin restricciones valorativas. Se trata de una breve novela, dirigida en primerísimo lugar a los lectores que cuentan aproximadamente con la edad de Felipe, el protagonista de la obra quien tiene diez años, aunque el encanto de la narración la hace apta para los lectores de todas las edades.
       Muchas cosas son dignas de destacar en esta narración, que viene a enriquecer de modo palmario la literatura para adolescentes, pre-adolescentes y post-adolescentes, que se ha escrito en Colombia, desde los Cuentos a Sonny  de Santiago Pérez Triana (siglo xix) hasta la fecha. Lo más importante se finca en su hechizante trama y en la forma admirable como es tratada por el autor: un viaje al mundo subterráneo, que la hace digna de equiparar con  Viaje al centro de la tierra de Verne, novela mencionada en una página de la ficción de Mendoza, y con El mundo perdido de Arthur Conan Doyle. En segundo lugar, y no quiero que esto de segundo lugar se tome con rigor taxativo,porque la unidad de la obra de Mendoza es monolítica, yo señalaría la creación del protagonista niño tan inolvidable como el Dick Sand de Verne en Un capitán de quince años. En cuanto al mensaje de Mi extraño viaje… destacaría su carácter iniciático en la realidad social, nacional y mundial en el que predomina una visión crítica que el lector infantil puede asimilar sin obstáculos de ninguna especie. Con la esperanza de que esto no constituya un adelanto de lo que la novela relata, quiero señalar el que para lograr la verosimilitud literaria de ella, el niño Felipe, desbordado por las exigencias que demanda la narración novelesca de los maravillosos recuerdos de su odisea subterránea, demande la ayuda de un escritor: Mario Mendoza, que en el plano de la ficción funge el papel de coautor del extraño viaje de Felipe. Sería injusto pasar por alto en estas líneas, al perro de Felipe, un pastor alemán y su amigo siempre fiel, algo más, a mi modo de ver, que una simple mascota. La novela del niño es (a su modo perruno) también la de su perro Elvis, que silenciosamente (pues los sonidos no se escuchan en los libros sino que se los imagina) ladra y gruñe cuando las situaciones lo ameritan.
          La novela está ambientada en Villa de Leyva y el Desierto de la Candelaria con sus inquietantes cuevas  (tan atractivas para los espeleólogos). Hay que recordar que la primera novela colombiana es El desierto prodigioso y prodigio del desierto de Pedro Eloy de Valenzuela (siglo xvii) ambientada en los mismos lugares.
          El texto está ilustrado profusamente con dibujos de Erika Buitrago, unos en un estilo que se ciñe de forma realista (con algunos rasgos caricaturescos) al texto narrativo y otros que tienden más a un expresionismo en el que los destinatarios prioritarios de la obra, es decir los niños, no encontrarán ni abstruso ni antiestético .  

sábado, 18 de mayo de 2013

El olimpo de mi barrio ¿realidad o ficción?

GUADAÑAZOS PARA LA                            
BeLLA ViLLA            
                " La literatura a tajo abierto"     

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Edición No. 78, mayo  de 2013
Directores: Raúl Jaime Gaviria / Hernán Botero Restrepo
Publicación de Revista Asfódelo
Colaborador permanente: Rubén López Rodrigué
Correo electrónico: revistasfodelo@yahoo.com


 
EL OLIMPO DE MI BARRIO ¿REALIDAD O FICCIÓN?

Rubén López Rodrigué



Decía Rilke en Cartas a un joven poeta que «Si su vida cotidiana le parece pobre, no se queje de ella; quéjese de usted mismo, dígase que no es bastante poeta como para conjurar sus riquezas: pues para los creadores no hay pobreza ni lugar pobre e indiferente». Traigo a colación esta cita para hablar del reciente libro de un escritor que, ajeno al divismo, no se inscribe en ese reproche del poeta. El Olimpo de mi barrio, de Fabio Zuluaga Ángel, comienza con el ascenso del narrador protagonista por la loma de su antiguo barrio y termina con el descenso de un hombre a la tumba; ascenso y descenso que metaforizan una ley de la vida: todo lo que nace muere.

Dice el narrador: «Vuelvo al barrio después de treinta años para asistir a las exequias de don Arturo el polvorero, uno de esos personajes casi míticos que habitaron este pequeño espacio perdido en el universo, que con el tiempo ha llegado a ser el único barrio de mi entraña. Lo abandoné a la edad de veinte años y me fui con mi familia a vivir a otro sector de la ciudad». Así comienza la obra cuando el autor-narrador llega al barrio caminando por la empinada carrera Mon y Velarde y a su paso por calles y esquinas la percepción de personas y cosas hace aflorar los recuerdos y lo que eran islitas en su mente se concatenan para armar un entramado literario.

De modo que el escritor extrae su tema de los recuerdos infantiles y juveniles. Después de Oro, evangelio y reino, una afortunada selección de crónicas de Indias, y de la desafortunada novela El árbol de abuelitas, Zuluaga Ángel se nos viene con un libro sobre personas comunes y corrientes, personajes insignificantes de barrio que al ser contrastados y asimilados con héroes griegos del Olimpo adquieren una grandeza insospechada. Es la magia de la literatura, palabras mágicas que como sucede en los cuentos folclóricos hacen volar alfombras. No en vano en su Historia natural Plinio decía que lo maravilloso tiene tanto atractivo como la verdad.

Se me antoja resaltar la agudeza del escritor como observador de la vida cotidiana, como rastreador perspicaz de las costumbres urbanas. El Olimpo de mi barrio, a pesar de ser atravesado por el hilo negro del velorio de don Arturo el polvorero, se compone de meritorios cuentos donde prima el estudio de caracteres sobre las costumbres de sus personajes. De esa observación cercana de la gente nace el humor —ese que va en favor de la salud y el bienestar del ser humano— y que en apuntes como el que viene sirve de paliativo a las tragedias: Don Víctor «Ya borracho, se iba a llevar a su viejo amigo el Mono Cárdenas, el comisionista del barrio, hasta su casa. Apoyada la mano de cada uno sobre el hombro del otro, bajaban tambaleándose por la empinada calle, pero cuando llegaban a la casa del amigo, este se devolvía a llevar a su amigo Víctor hasta la suya. Así se pasaban un rato, yendo y viniendo de una casa a otra, hasta que alguna de las esposas intervenía, enérgica, y daba por terminado el sainete».

Quisiera detenerme un tanto en el asunto de la observación, ya que es un elemento caro al autor. El escritor debe ser un buen observador, alguien que sabe escuchar y puede avisar del peligro; no es un profeta como en ocasiones se afirma de Kafka, por el contrario, el escritor checo era un observador profundo y sus narraciones siempre lindaban con la locura. Se puede presuponer que Zuluaga Ángel volvió al barrio de su infancia, observó cosas que antes había tenido ante los ojos muchos años atrás y registró cada detalle mínimo para imprimirlo en su memoria. Y es que un escritor debe ser un observador de lo que le rodea, incluso si lo que escribe es fantástico o ciencia ficción, pues aunque estemos en Alaska o en la Patagonia seguimos escribiendo sobre los que les pasa a hombres y mujeres, elfos o alienígenas. Pero además de la agudeza en la observación, entreveo una agradable sutileza para narrar que produce un sentimiento parecido al de la lírica. En sus cuentos corre una sutileza poética adherida al tono musical, hecho que ya le había señalado el escritor Mario Escobar Velásquez, a cuyo taller perteneció por varios años.

La brevedad de los cuentos que conforman el libro es como una quintaesencia de avinado del barrio de una infancia conmovida por hechos notorios. Es importante hablar del cuento por encima de las particularidades barriales o provincianas, puesto que apunta casi siempre a lo universal, incluso más que la novela. El cuento se rige por estructuras muy sui generis, dado que su integración es vertical, mientras que la estructura de la novela, siguiendo con el símil geométrico, es horizontal y esto último no aplica al libro en cuestión. Al decir que el cuento es vertical y la novela horizontal, evoco a Borges cuando dice que el cuento es síntesis, mientras que la novela se puede alargar hasta el infinito.

Ya se trate de las señoritas solteronas, del comisionista, del polvorero, del joyero, de la modista virgen, del electricista, no obstante la ficción al aplicarles los mitos griegos de Helios y Prometeo, Hermes y Tiresias, Hera y Heracles, Jasón y los Argonautas, Penélope y Ulises…, en las historias cotidianas de barrio, donde ellos son protagonistas, la verosimilitud de marcado carácter autobiográfico se inscribe dentro de un realismo que, por instantes, no excluye el vuelo lírico. No se trata aquí de un realismo ingenuo (como registrar lo que dice una verdulera, luego desgrabarlo y publicarlo tal cual), sino que el agobio de la realidad nacional se manifiesta con dramatismo, así sea mediante el lugar común y la obviedad.

Por otro lado, si un libro es como un organismo vivo en el que todas sus partes interactúan entre si, ignoro qué función cumple el cuento «La misa», único que no se relaciona con los mitos del Olimpo, y donde la religiosidad del autor, a lo mejor enterrada, al parecer interfiere como un lunar negro sobre la belleza y coherencia del texto.

El libro comienza y termina con el funeral de don Arturo el polvorero, dándole así un carácter de circularidad como la serpiente o dragón Ouroboros que se devora la cola, que empieza al fin de su cola y simboliza el ciclo del devenir en su doble ritmo: el desarrollo del Uno en el Todo y el retorno del Todo al Uno. Comienza con el ascenso y concluye con el descenso, pues no todo se compone de poesía, vino, rosas y luciérnagas. Esa es la trágica metáfora de la vida: todo lo que nace muere.

martes, 14 de mayo de 2013

Acerca de Raymond Carver

GUADAÑAZOS PARA LA                            
BeLLA ViLLA            
                " La literatura a tajo abierto"     

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Edición No. 77, mayo  de 2013
Directores: Raúl Jaime Gaviria / Hernán Botero Restrepo
Publicación de Revista Asfódelo
Colaborador permanente: Rubén López Rodrigué
Correo electrónico: revistasfodelo@yahoo.com

Acerca de Raymond Carver

Raúl Jaime Gaviria

Leyendo los cuentos de Raymond Carver uno no entiende el por qué cierta crítica ha insistido en elevar a este escritor a los altares de la literatura estadounidense. Su temática es recurrente y en determinado momento se hace pesada; Carver es reiterativo en mostrarnos prototipos del fracaso humano que se debaten en medio de la maquinaria inmisericorde de la sociedad de consumo norteamericana, y en principio nada hay de malo en ello. En lo que falla es en lograr que esos personajes sean del todo creíbles literariamente hablando. No sé por qué al leer a Carver pienso en los personajes clichés de la industria del cine de Hollywood, como el de mexicano al que siempre se lo representa con sombrero, un abundante mostacho y haciendo tiros a diestra y siniestra. Los personajes de Carver, que por lo general son gente del pueblo raso: obreros, profesores y amas de casa, entre otros, no hacen cosa distinta de lo que se supone que deben hacer. Son innumerables las escenas en sus diferentes cuentos en que los personajes masculinos se la pasan horas viendo la televisión, ahogando el tedio en un mar de cerveza, siendo infieles a sus esposas y cosas por el estilo; entretanto, los personajes femeninos sufren los maltratos y abandonos de sus esposos o en el caso de las solteras buscan cazar marido mientras se aburren ferozmente. Se dirá que esa es la realidad y que lo único que hace Carver es plasmarla tal cual es, y ahí precisamente radica el problema. La función primordial de la literatura no puede ser meramente sociológica. La literatura, cuando es verdaderamente buena, ha de mostrar un aspecto inédito de la realidad incluso al tratar el tema más pedestre o el personaje más simple. Precisamente en la presentación de los aspectos no convencionales de la realidad cotidiana (y aquí no me refiero a la simple ingeniosidad racional ni al efectismo literario del tipo realista-mágico) es que encuentran fundamento las obras maestras de la literatura universal. Y aunque para aquellos lectores que pretendan verse reflejados en el devenir de unos personajes que dejan que la vida los supere sin hacer nada al respecto la lectura de Carver pueda servirles de terapia de auto-conmiseración, pienso que no es suficiente como  para que la crítica lo haya ensalzado de tal manera. En conclusión hay que decir que leer a Carver es una experiencia un poco frustrante para el lector activo y alerta que exige de la literatura algo más que una copia al carbón de la vida. Esta es ya lo suficientemente decepcionante en muchos casos como para repetirla en los libros.