miércoles, 3 de junio de 2015

“NOCHE” POEMA POR RAÚL JAIME GAVIRIA

GUADAÑAZOS PARA LA                           
BeLLA ViLLA            
                " La literatura a tajo abierto"     

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Edición No. 191, junio de 2015
Directores: 
Raúl Jaime Gaviria
Hernán Botero Restrepo



“NOCHE” POEMA POR RAÚL JAIME GAVIRIA

Noche:
El sol oculta el rostro tras tu velo de mar
en la penumbra el alfabeto de la aguas
esparce sus letras heladas cual cuchillos.
Bajo el cielo líquido los peces del insomnio
pueblan tus sombras de coral.
La cabellera al agua de las medusas
y las algas dibujan una danza árabe,
el grito congelado de los seres
te desgarra en un clamor de luz.
Noche:
El perfil de tu rostro sobre mi vientre cálido.
Tu cabello: laúd de ónix entre mis manos.
Mis dedos pulsan tu mar en un vapor de velos,
princesa ausente abrasada por
países de jade; barca de túnicas
que caen y danzan
y a tu paso de arena se envuelven
en blancos arcanos
en deseo de soles imposibles
desvanecidos en silencios de hilo.
Transfiguración del blanco
el sueño del amor
pacientemente tejes
pacientemente anudas.
El ojo se levanta
a un paisaje incendiado
tras la ventana de tus pájaros.
La mirada circular de la luz
y el vasto silencio del campo
Se derraman sobre el verde milenario.
Cielos de cisnes que vuelan al revés
Y en la duermevela del desierto estiran sus cuellos
hasta encontrarse con una nube gris:
la calle- sable-harakiri del silencio,
entreabiertos sus párpados de grava
sus ejércitos de caracoles de hierro
bebiendo el veloz brebaje de las horas.
Tiempo copulando con el tiempo
que besa la roca hasta la médula
con labios de humo.
La pregunta en ojos de luna
ensangrentada del dios
herido por el sol del Imperio
que incendió el primer bosque
en amor humano.
Náufrago del paraíso
de un recóndito mar vienes
a un recóndito mar vas
¿qué del amor que no tienes?
¿qué del ser que no eres?
Flautas de mariposas
deshojan con su canto el libro de tu misterio
verdes mariposas
vencidas por mareas de otoño
dictándome el último dueño de tus labios
y tu grito, tu último grito

aún resuena en la oquedad de los árboles.