sábado, 27 de diciembre de 2014

Ayer y hoy (poesía nuestra)

GUADAÑAZOS PARA LA                           
BeLLA ViLLA            
                " La literatura a tajo abierto"     

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Edición No. 168, diciembre de 2014
Directores: 
Raúl Jaime Gaviria
Hernán Botero Restrepo 
Publicación de Revista Asfódelo



Ayer y hoy (poesía nuestra)
Por Hernán Botero Restrepo

El sombrero en el suelo

Negro
del mismo hollín
con que se había camuflado de negro
rostro, brazos y toda su vestimenta
para encarnar la efigie
de un esclavo minero
del tiempo colonial
(lo único que escapaba al negro
eran el gris de sus ojos
y el blanco de sus dientes).
Cada tanto
ejecutaba el ademán de clavar un negro pico
en las entrañas
de un imaginario terreno aurífero;
un día y otro día.
Los transeúntes
muy rara vez dejaban
una moneda
en el negro sombrero.
Era un día cualquiera,
de pronto se escucharon, inconfundibles,
ruidos de balazos,
todo el mundo corrió
como almas llevadas por el diablo de la violencia,
pero el pobre, el paupérrimo
que fungía de estatua
no tuvo tiempo ni para saltar
del cajón, también negro,
sobre el que estaba erguido,
lo que llaman una bala perdida,
penetró con la prisa
de una centella
en su frente,
al punto
se desplomó
y cayó sobre la acera
rígido y con un hilo de sangre
que corría sobre su rostro enhollinado.
Murió en un átomo de tiempo
dos muertes a la vez:
la del minero que representaba
Y la propia.

Apología de las mulas

Y vosotras también, santas
sufridas y cuidadosas mulas
que en los pasos angostos de las trochas
aún existentes en las ensangrentadas
regiones rurales de este país
rodeadas por abismos,
que no dais un paso en falso,
y lleváis al que os monta
y a la pesada carga
con que tantas veces os abruman,
del Averno al Paraíso.
No sois menos dignas de que se os bendiga
que la María de los Cristianos
venerada igualmente por los devotos de Alah
con el hermoso nombre de Maryam.


miércoles, 17 de diciembre de 2014

PREGUNTAS AL POETA RAÚL JAIME GAVIRIA (III)

GUADAÑAZOS PARA LA                           
BeLLA ViLLA            
                " La literatura a tajo abierto"     

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Edición No. 167, diciembre de 2014
Directores: 
Raúl Jaime Gaviria
Hernán Botero Restrepo 
Publicación de Revista Asfódelo


PREGUNTAS AL POETA RAÚL JAIME GAVIRIA (III)

El poeta Gottfried Benn, decía que la palabra es el falo del espíritu: ¿Qué es para usted la palabra y con que métodica o no usted la lleva al poema?
La palabra poética es revelación, develación, intuición y acción. No le pertenece al poeta sino al espíritu del mundo (anima mundi). Llega al poema fruto de un acto de transubstanciación, de encarnación en el poema. Yo no llevo la palabra al poema, ella llega por sus propios medios, yo solo le doy la más calurosa de las bienvenidas, de ahí que el poeta en mí no obedezca a un acto oficioso. Es algo gratuito, una especie de milagro en el que menos interviene es uno, lo único es estar atento, siempre atento. Nadie es poeta de nueve a seis ante el computador, frente a la máquina de escribir o ci el lapicero en la mano. La palabra llega cuando debe llegar, ni antes ni después, otra cosa es el momento de la corrección en donde si puede (y debe) intervenir el sentido racional del poeta.

¿En la lectura de sus libros, uno como lector, concibe que usted se interesa por tener un lector o esto le es innecesario e intrascendente y por qué?

La poesía puede concebirse de dos maneras: como comunicación o como conocimiento. Algunos poetas privilegian un aspecto más que el otro. En mi caso, en la etapa que actualmente vivo le doy una mayor importancia a la comunicación, pero esa comunicación no puede ser unilateral porque se desvirtuaría. La poesía, como el amor, es un asunto que no le compete solo a uno, es un asunto colectivo. Con Lautreamont creo que la poesía debe ser hecha por todos y yendo un poco más allá creo que debe ser hecha por todos y entre todos. El solo hecho de leer al otro o por lo menos el acto de escucharlo es ya una forma de hacer poesía colectiva. Y no me refiero solo a los poemas, una conversación cualquiera en el ámbito de lo cotidiano en la que se respete el criterio del otro, a pesar de las diferencias que pueden llegar a existir, entraría ya en el terreno de lo poético. En cuanto a mí, busco comunicar, que lo consiga o no es otra cosa. Ya viví lo que tenía que vivir con el lenguaje hermético para iniciados y no me arrepiento, de pronto en el futuro me de por escribir un anacrónico libro de sonetos místicos y creo que nadie me lo podrá impedir, lo que constituye una de las ventajas de ser contradictorio. Por lo pronto me ha llegado el momento de hablar claro en mis poemas. Perdone si me fui un poco por las ramas con respecto a su pregunta. En cuanto a si quiero tener un lector, ¡por supuesto! ¿qué poeta en su fuero interno no lo quiere?

Hay en este libro INCONVERS.O.S, un poema un poema dedicado a Gonzalo Arango (Resurrección): ¿Podría decirnos en qué medida se dan o se dieron sus relaciones con la obra de Gonzalo y con los nadaístas, y qué son o como son en este momento y por qué?
Ese poema lo escribí pensando en Medellín, a solas contigo, que me impactó sobremanera cuando, en los años noventa, me regalaron un casete con la voz de Gonzalo leyendo el texto (aún lo conservo). Me interesó mucha esa relación amor-odio entre el poeta y la ciudad, ese dolor ante la indiferencia, la vocación mercantilista y el afán comercial y productivo de una ciudad a la que poco le interesaban las cosas del espíritu. Del nadaísmo conozco más bien poco, aparte de Vana Stanza de Amilkar U., algunas cosas de Alberto Escobar que publicó con la editorial independiente de Omar Castillo y por supuesto Los poemas de la ofensa de Jaime Jaramillo Escobar y una novela que me regalo Cachifo en La Boa poco antes de morir y que no me gustó. Yo pienso que el nadaísmo se desvirtuó en el momento en que algunos de sus integrantes se desviaron de sus postulados más libertarios y se plegaron al establecimiento y a los políticos de turno, el mismo Gonzalo se traicionó a sí mismo con la elegía a Lleras Restrepo. No, el Gonzalo que yo reivindico es ese Gonzalo libertario del texto dedicado a Medellín, el que privilegiaba la poesía por encima de las mezquindades de los mercaderes. Escribí ese poema hace dos años con motivo del Primer Festival Alternativo de Poesía de Medellín cuya inauguración coincidió con un aniversario más de la muerte del poeta, porque sentí que el espíritu inicial del nadaísmo, ese que se trasluce en el texto de Gonzalo a la ciudad hay que rescatarlo de alguna manera. Ellos plantaron la semilla y es necesario continuar con ese mismo gesto sin desviarse esta vez del camino, no se trata de un nuevo nadaísmo ni de nada parecido (con el perdón de mi amigo Víctor B.) sino de regresarle a la poesía y al hecho de ser poeta una frescura que de alguna manera se ha venido marchitando. Hay buenas señales entre los jóvenes que quieren hacer cosas y que conservan un espíritu desprevenido frente al fenómeno de lo poético deslindados de toda pretensión de poder como el grupo que se reúne los lunes en la tarde en el Bar la Buerta del centro (yo hace poco me integré con ellos) y que ahora se dedican a realizar acciones poéticas por toda la ciudad como pegar carteles con poemas. No todo está perdido aún existe lugar para la esperanza.

¿Por qué también hay en su poesía, como lo que llamaría Pessoa: El regreso a los dioses, a la tradición griega y romana en la forma poética y que busca con ello, no es demasiado obsoleto ya?
De hecho lo es y fue algo intencionado. Soy gran amigo del profesor Hernán Botero Restrepo quien hace muchos años diera clases de literatura griega y rusa en la Universidad de Antioquia, se trata de uno de los más grandes lectores vivos de este país, de lo que pueden dar fe muchos de sus amigos escritores entre los que se cuentan Darío Jaramillo Agudelo, Víctor Gaviria y Rubén Darío Lotero por mencionar solo algunos. El hecho es que con Hernán tenemos un blog de crítica literaria donde publicamos ensayos, cuentos y poemas nuestros. Un día me dio por escribir unos poemas de motivos griegos y romanos y los publiqué en el blog. Luego surgió la intención de publicar INCONVERS.O.S pero había un problema, necesitaba darle un poco de aire a ese conjunto de textos, algunos muy corrosivos e incluso hasta brutales, ahí fue que pensé en publicar algunos textos cortos de libros anteriores y otros más recientes, entre ellos esos tres poemas anacrónicos escritos dentro de las normas canónicas de nuestra tradición poética colombiana. Debo admitir que me gustó el resultado, cuando los leo en público justo después de un poema “demoledor” la gente percibe el contraste y muchos se sienten hasta ofendidos por romper la continuidad de los antipoemas. En el fondo hay también una intención irónica frente a esos textos, uno de los poemas habla de Policleto el viejo, el escultor griego y se refiere también a Píndaro y al pintor español (gran colorista) Sorolla. Más del noventa por ciento de quienes leen o escuchan ese poema no tiene la menor idea de quienes fueron estos personajes, en cambio cuando les leo “El pobre nuestro”, una parodia al “Padre nuestro”, el cien por ciento lo entiende y a casi todo el mundo le gusta. En mi concepto son mucho más bellos los poemas de motivos griegos pero no le dicen ya nada a la gente, no comunican. Es poesía para poetas. Con esto pretendo también abrir el debate en torno a la prelación que en este país se le ha dado a la belleza del poema por encima de toda consideración, algo con lo que no estoy de acuerdo.

¿Contra qué está y contra qué, como poeta, no está,  qué hélices de ira y de esperanza o no le mueven para ser poeta, por qué es poeta?
Uno no es poeta todo el tiempo decía Claudio Rodríguez el poeta español. Yo pienso que se es poeta en la medida en que uno se arriesga a vivir, a pensar y por supuesto a escribir de una manera inesperada. Lo que pasa es que el ser humano, como animal de costumbres que es, tiende a buscar espacios de comodidad que no le representen ninguna clase de peligro. El poeta en cambio debe ser como el funámbulo, un experto en caminar sobre la cuerda floja, debe habitar siempre el peligro, habituarse a él, y saber que un paso mal dado puede representar el derrumbe definitivo. El mero arrume de palabras no tiene valor alguno, por ingeniosas y bellas que estas sean, la palabra más que dicha debe encarnarse en la vida. En cuanto a mi ideario, el asunto no es estar o no en contra de algo, eso sería asumirse desde lo dogmático y nada más alejado de la poesía que el  dogma. Yo escribo lo que me brota de la garganta y nada más, en ciertos momentos soy uno y en otros soy otro. Pessoa, mejor que nadie, pudo entender esto. El poeta nunca es uno, siempre es el otro, o los otros como en el caso de Pessoa y los heterónimos. “Yo soy los otros” pudo decir Pessoa parafraseando a Rimbaud.

En INCONVERS.O.S, ha introducido usted una serie de reflexiones tales como: El amor es el sexto sentido o ¿Puede en universo acaso caber en un solo verso?; que ha llamado: Graffitis y para qué y por qué, que tensión lo llevo a ello?
Escogió usted como ejemplos algunos de los menos logrados. Valga aclarar, que la frase es: “El amor es el sexo sentido” (por descuido se me olvido incluir en la edición del libro esta otra: “el sexo es un mandamiento”, aludiendo al sexto mandamiento). Bueno, mis Graffitis son frases sueltas de doble y a veces triple sentido que podrían pintarse perfectamente en cualquier muro urbano. A veces tienen connotaciones políticas o religiosas que invitan a pensar, que activan en el lector esa otra forma de ver las cosas. No siempre son afortunadas, pero de cuando en vez le suena a uno la flauta. Los dos que más me gustan son estos: No te cases de frac porque serás un frac casado y este otro: Que futuro más turbio,  Atentamente Onán. Que sea poesía o no carece de importancia, lo que realmente vale es que disfruté creándolos, así como la mayoría de los lectores también los disfrutan leyéndolos o escuchándolos. Considero que se encuentran un escalón más arriba del simple chiste y uno más abajo (aunque pisándole los talones) del aforismo filosófico.



sábado, 13 de diciembre de 2014

Troilo: Sus dos últimos años de vida y mi relación con él

GUADAÑAZOS PARA LA                           
BeLLA ViLLA            
                " La literatura a tajo abierto"     

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Edición No. 166, diciembre de 2014
Directores: 
Raúl Jaime Gaviria
Hernán Botero Restrepo 
Publicación de Revista Asfódelo



Troilo: Sus dos últimos años de vida y mi relación con él
(Recuento estrictamente personal)
Por Hernán Botero Restrepo

Capítulo I
De cómo encontré en la calle a Troilo y terminé por adoptarlo

Regresaba un día cualquiera, hará unos dos años largos, a mi apartamento, sito en frente del Colegio María Auxiliadora; venía de darle el paseo matinal a mi perro Charlie, cuando alcancé a escuchar muy cerca y detrás de mí unas pisadas acolchonadas. Me detuve y volteé la cabeza para ver de qué se trataba y era un perrito que también se detuvo, al ver que yo lo observaba. Era él quien producía los casi imperceptibles y blandos pasos. Lo observé unos segundos y me bastó con el primero para darme cuenta de que se trataba de un hermoso animal: chaparrito aunque no en exceso, robusto, de un pelo negro acaracolado, tan negro que resultaba brillante y finalmente dotado de una cabecita de facciones pulidas en las que reinaba una serenidad, que enmascaraba cualquier emoción. Un poco titubeante le di la espalda, abrí la reja del edificio (Naure era su nombre) y la puerta metálica que daba acceso a las escalas, porque al no tener más pisos que cuatro, El Naure carecía de ascensor. Emprendí mi subida al último piso en donde se hallaba mi apartamento, abrí la puerta a continuación y cerré una vez que estuve adentro de mi domicilio. Como inconscientemente, después de haber librado a Charlie de su traílla, puse a hervir agua para un café y vi nítido en mi memoria al perrito, que quién sabe desde cuándo nos había venido siguiendo. Creo necesario señalar que Charlie es un bonito animal, un Schnauzer mestizo que me acompañaba desde hacía unos cuatro años y que había comprado en un criadero de perros.
   Listo el café me entregué a diversas reflexiones y me olvidé por lo pronto del perrito del pelo negro resplandeciente. Al día siguiente saqué a Charlie a su caminata pero varié la ruta de la misma, y nada me distrajo del cuidado que debía de tener con él al atravesar las calles. Regresábamos, cuando en el mismo punto de hacía dos días se repitió el primer encuentro con el can al que me he referido. Observé que el perrito que nos seguía por segunda vez movía el muñón de la cola que le habían cortado y que no llevaba ningún collar. Lo que me convenció de que no se trataba de ningún perro callejero y entonces decidí, con la rapidez de una centella, subir con él al apartamento para ver qué sucedería.  Una vez que hube abierto la reja y la puerta, para que el animalito  emprendiera , con Charlie y yo, la subida al cuarto piso del Naure, y ya en mis dominios, despojé a Charlie de su arnés y traílla y observé como los dos perros se olfateaban, yo diría que como viejos amigos, pero sin ponerse a jugar, solamente moviendo los muñones de sus colas amputadas. 
– Me quedo con él, decidí, voy a darle un poco de cuido para ver si le gusta y tiene hambre.
Les serví en vasijas de plástico unos puñados de Dog Chow y la porción de agua proporcional. Los dos se aplicaron a comérselo y a beberse el agua.  –Voy a llamarlo Troilo –pensé, por el personaje de Homero el de Chaucer y el de Shakespeare así como por el gran bandoneonista Aníbal Troilo “Pichuco”.
   Aquí debo aclarar que no teniendo más que un collar (hasta que me hice de otro) saqué a los perros por separado con el collar de Charlie; el collar para Troilo lo adquirí ocho días después, día más, día menos, pero posteriormente a lo que va a narrarse a renglón seguido.

Capítulo II

De cómo Troilo se encontró con su legítimo dueño

Caminaba yo una mañana soleada al ritmo pausado de Troilo, al que sujetaba con la traílla de Charlie, por la parte baja del Barrio Los Ángeles, ascendiendo por ella, cuando desde una esquina que tenía que cruzar escuché los gritos de un hombre joven a quien acompañaban cuatro o cinco jóvenes más. El joven de marras gritaba: -Vean a Chepe, ¡ladrón! ese perro es mío. No me inmuté, me acerque a los muchachos y dirigí estas palabras al de los alaridos:
-           Vea hombre, yo no soy un ladrón de perros ni de nada, este perrito me siguió dos días hasta donde vivo, vi que no tenía collar y me gustó tanto que me quedé con él.
-          ¡Devuélvalo, ese perro es mío desde hace cinco años!
- Bueno, yo se lo devuelvo, pero trátelo bien, no lo deje suelto en la calle y sin collar.

De inmediato y con mi procesión por dentro liberé de la traílla a Troilo, que no manifestó ningún signo de reconocimiento al encontrarse con su dueño legítimo y lo deposité en sus brazos. Me di vuelta. Ipso facto, un estallido de ladridos que tenían más de gemidos desesperados que de tales, llenó el ámbito de una sonoridad punzante. Troilo se debatía con todas sus fuerzas por liberarse de los brazos de Alberto, que así lo llamó uno de sus acompañantes. Alberto entonces, furioso, le habló a Troilo en estos términos:
-¡Ingrato!, con que ya no me querés ya, no me querés más y te vas con el primero que aparece en la calle –Troilo seguía debatiéndose mientras tanto entre los brazos de su dueño – que también le dijo:
 – Ya no te quiero más, andáte con él. Y luego de pronunciar estas palabras depositó de mala manera al animal a mis pies. Entonces yo intervine:
-¿ Usted me está regalando el perro?
- ¡Lléveselo si tanto lo quiere! respondió furioso el joven  –yo por mi parte no quiero volver a verlo. –Bueno, gracias –lo dije sin ironía. Troilo estaba pegado de los bajos de mis pantalones, le coloqué el collar y seguí  mi recorrido calle arriba. Confieso sin remilgos que mi amor por Troilo se había centuplicado.

Capítulo III
Dos anécdotas

Antes de narrar las dos anécdotas de Troilo que considero inolvidables, he de destacar su carácter silencioso y cómo lo único que lo obligaba a romperlo eran los truenos que anunciaban un inminente aguacero. Troilo, eso sí, no ladraba porque el ruido de aquellos lo asustara, lo hacía con furia. Alzaba la cabecita y como un loco frenético hasta que el bullicio cesaba.
  Las dos anécdotas a las que me he referido son:  La primera fue la vez que lo llevé a una casa de campo, en una vereda de Santa Elena (oriente de Antioquia) en donde vivía una pareja que cuento en la primera fila de mis amistades. Al llegar, inmediatamente Troilo bajó del carro y se enfrentó a un labrador de alta talla y no menos de sesenta kilos de peso. Le enseñó sus dientes en actitud belicosa; Zeus, el labrador y jefe de la manada de perros y gatos de la casa, acabó por atacar con un mordisco que enardeció aún más a Troilo. En un momento los otros caninos se sintieron atraídos al lugar de la pelea. El caso es que después de que todos intentamos apaciguarlos inútilmente y durante casi una hora, al no obtener ningún resultado positivo, optamos porque yo regresara a Medellín, lo cual hice y allí me quedé para no dejarlos a Troilo y Charlie solos en la noche y hasta hoy no puedo columbrar que fue lo que movió a Troilo a adoptar un comportamiento agresivo con Zeus.
     La segunda anécdota se resume en poquísimas frases. Me encontraba yo con Troilo en la Librería de libros leídos Palinuro, a la que había acudido para que un gran amigo, Rodrigo Bustamente, a quien todos llamamos Klauss, lo conociera y habiéndoseme ocurrido pasar a un local situado al frente de la librería para comprar una agenda, dejé a Troilo con Klauss. Diligencié mi asunto en un par de minutos. De regreso en Palinuro Klauss me dijo, entre asombrado y muerto de la risa:
 -Hernán, vos que salís y el perro se echó a ladrar como si lo estuvieran matando. Un perro que te quiera tanto como este no lo encontrarías por más que lo buscaras.
     Troilo estuvo viviendo conmigo y con Charlie unos dos años y medio. Su muerte fue triste: al observar que durante dos días no había tocado el cuido, lo lleve a la veterinaria, en donde le detectaron un cáncer que le había invadido encías, paladar y garganta. Quiero recalcar que Troilo nunca se quejó, hubo que proceder a la eutanasia y yo, que había perdido el hábito de las lágrimas o mejor la capacidad de llorar, sentí que cuando el veterinario me comunicó que ya todo había acabado se me encharcaron los ojos y me sentí embargado por las emociones dolorosas que a veces provocan las lágrimas. 


miércoles, 3 de diciembre de 2014

POEMAS INCONVERS.O.S (16,17,19)

GUADAÑAZOS PARA LA                           
BeLLA ViLLA            
                " La literatura a tajo abierto"     

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Edición No. 165, diciembre de 2014
Directores: 
Raúl Jaime Gaviria
Hernán Botero Restrepo 
Publicación de Revista Asfódelo




POEMAS INCOVERS.O.S. (16,17,19)

Por Raúl Jaime Gaviria


TRAGEDIA DE UN ANTIPOETA

Ya alguien me lo había dicho
no puedes ser antipoeta
si no tienes un Fox Terrier
y yo, que soy incrédulo,
no le creí ni media.

En las noches
sacaba mi libreta
e intentaba escribir antipoemas
pero no había caso
sólo salían poemas
de diferentes estilos eso sí:
clásicos
románticos
parnasianos
simbolistas
dadaistas
surrealistas
creacionistas
objetivistas
y de otras escuelas que ya ni me acuerdo
pero de antipoemas
nanay nanay
y a mí lo que me interesa son los antipoemas.

  
Una noche
cuando pergeñaba un soso poema al estilo dadá
la angustia me pudo
y quise arrojarme por el balcón
menos mal que mi apartamento no tiene uno
pero la intención estaba.

Ni que decir que a la primera hora del siguiente día

me tenían en la puerta de la tienda de mascotas.


POETA RADICAL

Yo soy el poeta radical
el políticamente incorrecto
el que haciéndole caso a Hölderlin
ya no escribe versos en tiempos de penuria
los míos son “inconversos”
de mí no esperen
poemas de pastelería
fabricados en serie
cocinados a la temperatura adecuada
en los hornos del lenguaje
y luego empacados
en papel celofán de todos los colores
de mí solo obtendrán
aquello que les pueda estallar
en las manos
y en los oídos
bombas de relojería
en forma de palabras
lo mío es un grito enrabietado
los versos se los dejo a otros.



DIÓGENES EL CÍNICO DE CÍNICO NO TENÍA NADA

Diógenes de Sinope
el hijo del banquero Hicesias
solo poseyó cuatro objetos
en medio de su pobreza
aparte de su tonel:
un zurrón
un báculo
un manto
y un cuenco
del cual se desprendió
al ver a un niño
bebiendo agua
de sus palmas
no sin antes
increparse a sí mismo
por aún poseer cosas superfluas.

Incluso el manto
lo cambió
por un viejo candil
a cuya luz buscó
durante años
a un hombre justo al que nunca halló.

  
Un día
Al ser visto masturbándose
en el Ágora
fue insultado por algunos
 a lo cual él respondió amargamente:
—Dicha grande fuera
si con tan sólo frotarme el vientre
el hambre se extinguiera —.

Diógenes
era tenido por perro
en el sentido estricto
de la palabra
de lo cual se enorgullecía.

Invitado alguna vez
a un banquete
y cual de un perro se tratara
a son de burla
le lanzaron un par de huesos
a lo que Diógenes respondió
plantándoles cara
y orinándolos de frente.


Bella fue también su muerte
a causa de la filosa mordida
de un noble canino
y no a manos de un bípedo implume
de uñas planas
apelativo que Diógenes
tenía para los hombres.

Diógenes el cínico
fue el menos cínico de los hombres
pues siempre se mostró tal y como era.

Algo imposible de soportar
para una humanidad tan cínica
como la nuestra.


miércoles, 26 de noviembre de 2014

Los animales de Descartes

GUADAÑAZOS PARA LA                           
BeLLA ViLLA            
                " La literatura a tajo abierto"     

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Edición No. 164, noviembre de 2014
Directores: 
Raúl Jaime Gaviria
Hernán Botero Restrepo 
Publicación de Revista Asfódelo



Los  animales de Descartes

Por Hernán Botero Restrepo

En uno de los muchos ires y venires de su perspicaz mente, Rene Descartes o Cartesio, como se le llamo en latín, llegó a una de sus conclusiones más difundidas: los animales eran máquinas, (se sobreentiende que se refería a los llamados animales irracionales). Su seguidor, el sacerdote católico Nicolás Malebranche, acostumbraba a propinar puntapiés a todo perro que se le pusiera por delante o sintiera cercano a sus espaldas, y había que oír las carcajadas del filósofo y teólogo, a quien la filosofía no le dejó tiempo para llegar a los altares, cuando escuchaba los ladridos de dolor de las “caninas máquinas”, cuando el sabio ensotanado descargaba sobre ellas sus pedestres golpes. Reía Malebranche, con gozo filosófico, al maltratar un perro pues le sorprendía que esas máquinas (los perros) profirieran sonidos que llevaban a la multitud, ajena a la filosofía que para él se encarnaba en Descartes, a creer que los perros y todos los animales considerados irracionales, se comportaran cuando se les golpeara como poseedores del cogito cartesiano, del ese sí doliente ser humano. ¡Qué máquinas tan admirables! Se decía Malebranche, mientras los perros se lamentaban a su modo de los zapatazos que el levita les proporcionaba.

Todo esto tiene una moraleja: Aun en el Sancta sanctorum del incensado templo de los más célebres pensadores, ya sean tonsurados, ya no los sean, se mezclan con el aroma del incienso los hedores de la estulticia. Remontándonos a La Odisea nos encontramos, hacia el final de la epopeya, con el episodio del perro Argos, que muere a causa de la emoción que le causa el regreso de su amo a casa, después de no verlo durante más de veinte años. Hay quien ha dicho que con la muerte de Argos se inicia la literatura sentimentalista en el mundo. Ahora bien, cómo no reconocer que a pesar de la exageración mitológica en lo que respecta a la edad en que muere Argos, el inmenso Homero está más cerca de la verdad, en cuanto a la emotividad del perro se refiere, que lo que Descartes o Malebranche habrían estado si se hubieran ocupado del episodio de la muerte del perro de Odiseo.

Para concluir transcribimos el fragmento de Nicias y sus perros de Claudio Eliano, escritor romano del siglo II (que escribió en impecable griego su Historia de los animales). El texto de Claudio Eliano, arrasadoramente emotivo, dice en la traducción al español de José María Díaz- Regañón López :

“ Un tal Nicias se alejó involuntariamente de sus compañeros de cacería y vino a caerse en un horno de carboneros. Al ver esto, sus perros no se marcharon, sino que comenzaron a gemir y a ladrar en torno al horno, y luego, con sólo morder los vestidos de los viandantes, delicada y cautelosamente, intentaban atraerlos al lugar del suceso, como si los perros implorasen a los hombres que acudiesen en ayuda de su señor. Uno de los hombres, al ver esto, sospechó lo que había ocurrido, siguió al perro y encontró a Nicias abrasado en el horno y por los restos encontrados conjeturó lo ocurrido. ”






miércoles, 19 de noviembre de 2014

PREGUNTAS AL POETA RAÚL JAIME GAVIRIA (Parte II)

GUADAÑAZOS PARA LA                           
BeLLA ViLLA            
                " La literatura a tajo abierto"     

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Edición No. 163, noviembre de 2014
Directores: 
Raúl Jaime Gaviria
Hernán Botero Restrepo 
Publicación de Revista Asfódelo




PREGUNTAS AL POETA RAÚL JAIME GAVIRIA (Parte II)

Por Óscar González

¿Qué relación provocada o no, intencional o no tiene su poesía y que le llevo a vaciarlo totalmente de la estética huidobriana, qué proyecta usted de Huidobro y por qué?

No soy un gran lector de Huidobro, aunque reconozco que en su momento me impactó Altazor y muy seguramente habrá algunas reminiscencias huidobrianas sobre todo en el ritmo de ciertos poemas de La cruz de Maroro, (especialmente en el poema más largo de ese libro). A propósito de su pregunta volví a leer algunos de los cantos de Altazor y lo que percibo es una poesía trepidante, cargada de imágenes, pero que, a diferencia de la escritura automática de los surrealistas mantiene las riendas de la razón. Detrás del poema hay una voz que se interroga, que se hace profética en el anuncio y en la denuncia, hay una búsqueda y un dolor enmascarados. En la cruz de Maroro percibo, por lo contrario, una vena poética más automatizada, que linda más con el absurdo, en ese poemario, por decirlo de alguna manera, a las guacamayas les pongo ojos de tomates y alas de cartón sin ninguna sustentación lógica, pero ya le dije que ese libro me sirvió de plataforma de experimentación, de lima de pulimento del instrumento-lenguaje; en ese momento poco me importaba lo que pudieran decir del libro, se trataba de una confrontación personal que yo tenía con el toro del lenguaje con el cual había que medirse de poder a poder. Pienso que lo hice, que lo haya hecho bien o mal eso no me corresponde a mí decirlo, lo cierto es que esos poemas debían ser escritos por mí en ese momento específico y no en otro, lo que no podía hacer, y de eso me siento orgulloso, era distraerme escribiendo, con ánimo falsario, poemas apegados a la tradición de nuestra poesía nacional, eso sí que no me lo hubiera perdonado, de La cruz de Maroro, como de todos mis libro,s se podrá decir lo que se quiera menos que fueron escritos con un cálculo preconcebido con el fin de obtener beneficios dentro del mundillo cultural o literario. Por el contrario, el haber escrito estos libros me ha marginado por muchos años de todos esos circuitos y quizás ninguno de esos poemarios merezca a futuro ninguna consideración por parte de la crítica como tampoco lo merezca mi trasegar por este mundo como poeta. También puede ocurrir que en el devenir de mi ejercicio creativo logre topar con alguna piedra preciosa única que justifique ese aparente arar en el desierto o que dé con lectores que se sintonicen en un punto y hora con mi escritura, no sé, todo puede pasar. Es toda una aventura, pero al fin y al cabo ¿no se trata de eso la poesía? Le he de confesar que yo escribo un poco más con espíritu de arqueólogo que de artista.

De la lectura de sus libros se deduce que hay un lenguaje lleno de arbitrariedades, de turbulencias, de rizomas de un lector: ¿Cómo hace usted insaciable lector o no para liberarse de esas lecturas y escribir o que queda de esa tarea?

Considero que todo escritor no es más que un reinterprete de lo que lee. Aparte de los libros, uno está leyendo todo el tiempo, en cualquier lugar, y eso necesariamente se transfiere a la escritura. El poeta es un operador del lenguaje, este se convierte en su materia prima. El poeta toma algo de aquí, algo de allí y le añade otra pizca de allá y fruto de esa alquimia aparece algo enteramente original que ningún otro produjo antes de él, este es uno de los misterios de la poesía. A mí me gusta que en mis libros se logre identificar a Rimbaud, Huidobro, Williams o Nicanor Parra, entre muchos otros, porque, fuera de todo epigonismo, como poeta los acojo en mi escritura, me hermano con ellos y les presto una nueva voz por medio de mis palabras. No tengo ningún problema con eso, es como cuando uno sale con buenos amigos, no puede hacer uno otra cosa que disfrutarlo. Lo preocupante será el día en que en mis poemas solo perciba la voz de Raúl Jaime Gaviria, espero que ese día no llegue nunca, porque creo que no podría soportar tamaña soledad.

Por otro lado están los referentes literarios, no sé si también se refiere usted a esto en su pregunta, en fin, suelo utilizarlos ocasionalmente en mis poemas aunque no de forma exagerada, más allá que uno cite en una pieza poética a un poeta, un músico o a un pintor lo importante es que esa referencia sea necesaria dentro del poema, de lo contrario se podría caer en la erudición vacía, para eso estaría mejor escribir un ensayo. Quizás yo haya caído algunas veces en esa trampa, aunque no creo que demasiadas porque no me considero un erudito y, aunque leo bastante, estoy bastante lejos de poseer la voracidad de un animal lector.

¿Considera necesaria y esencial o no la relación poesía y política y por qué sí o no, y como lo ha transformado o no en su radicalismo crítico esa relación?

La alta política también es poesía pero infortunadamente pasó de moda desde los tiempos de Pericles. La política, tal como se practica hoy en el mundo, no ha servido para unir a los pueblos sino para dividirlos. Y esto se da porque la política es sectaria por naturaleza, de ahí que en uno de mis poemas yo enuncie que a mí no me gustan los partidos y que prefiero “los íntegros”. La política de partidos y mucho más en el caso de países con partidos únicos en el poder es en esencia esquizofrénica porque se hace adoradora del discurso y del dogma partidario mientras se olvida de los que deberían ser los beneficiarios reales de ese discurso: el pueblo en este caso. En la política, en toda política, sea esta de izquierda o de derecha el discurso lo es todo y por supuesto el pueblo también lo es todo, obviamente que “el pueblo del discurso” y no el pueblo real que padece en el día a día, ese les importa un rábano. Los poetas no somos quienes para cambiar este sistema de cosas, no somos pequeños dioses como creía Huidobro. De todas maneras podremos resistir desde el humor, que es una de las últimas trincheras que le quedan al hombre libre para defenderse de la súper-maquinaria del Dios-Estado. Lo que preconizaba Orwell en 1984 ya está aquí desde hace rato, el Gran hermano invadiéndolo todo, husmeándolo todo, arrebatándole espacios de libertad a la gente. Por eso el humor es fundamental así como la ironía. Una de las grandes deficiencias de la poesía colombiana es que se toma demasiado en serio, nunca o casi nunca se ha planteado como “la otra voz” la que cuestiona, la que denuncia, la que desenmascara. Ha preferido los espacios de comodidad enquistándose en el monstruoso aparato de la oficialidad y actuando incluso como vocero de este. De ahí que la poesía colombiana no soporte el humor. Al Tuerto López lo tildaban de bufón de pueblo hasta que se hizo evidente que se trataba de un gran poeta. Lo cierto es que las circunstancias políticas de hoy son radicalmente distintas, los tiempos están cambiando como dice Bob Dylan en su canción y la poesía colombiana tendrá que salir, tarde que temprano, de su amodorramiento. Para muchos será como despertar de un largo sueño y ver que el dinosaurio seguía allí.


¿Tiene usted una inclinación incesante e incisiva sobre el hecho de que la poesía, debe o tiene que estar llena de ironía y ser hasta burlesca hacia otros poetas y por qué?
Creo que ya dije algo de eso en mi respuesta anterior. No es que sea algo mandatorio, pero el humor y la ironía son fundamentales porque actúan como agentes desmitificadores, además la ironía y el humor en la poesía generan un tipo muy especial de comunicación entre el autor y el lector, ya que para que la ironía sea eficaz requiere ante todo ser planteada con precisión al lector, .no puede haber lugar para ningún tipo de ambigüedades. Por ejemplo, cuando Parra dice en uno de sus artefactos que la derecha y la izquierda unidas jamás serán vencidas surge de inmediato en la mente del lector atento la asociación con la famosa frase de batalla: “El pueblo unido jamás será vencido” reivindicado principalmente por la izquierda latinoamericana, esto es lo interesante de la ironía, que dice sin decir, que se limita a sugerir y es ahí donde surge “lo otro” que queda tácito y trasciende lo meramente discursivo. Cuando Parra alude a la derecha se refiere también al espíritu de derecha de la izquierda, no solamente a la derecha como tal porque la ironía va dirigida principalmente a la izquierda que desde lo discursivo se plantea como todo lo opuesto a la derecha.

Lo de la burla a otros poetas en algunos de mis poemas obedece también a ese afán desacralizador, aunque es bueno aclarar que el principal objetivo de burla soy yo mismo. Con Parra los poetas se bajaron del Olimpo, pero al parecer aquí no se han dado cuenta todavía y ahí están todos muy bien puestecitos en sus pedestales como santos de procesión. No, no es ningún pecado parodiar el poema de Juan Manuel Roca “Canción del que fabrica los espejos” y renombrarlo “Canción del que fabrica los poetas” está en el lector encontrar el sentido irónico o satírico del poema y ver si en nuestro contexto tiene validez o no. No soy yo el que tenga que ir explicándolo por ahí, y estoy seguro de que Juan Manuel, siendo tan inteligente como lo es, también lo entenderá. No se trata de nada personal, ni de derrumbar el edificio poético de nadie, ¿qué poder puedo tener yo para hacer eso? ¿Quién soy yo en la poesía colombiana para realizar tal proeza? Además la sátira entre poetas ha sido lugar común siempre, baste con recordar los opúsculos que se dedicaron unos a otros  Huidobro, Parra, Pablo de Rokha  y Neruda. Y eso no impidió que Neruda reconociera en Parra a un gran poeta al punto de prologar uno de sus libros. 

miércoles, 12 de noviembre de 2014

El muchacho de las fresas

GUADAÑAZOS PARA LA                           
BeLLA ViLLA            
                " La literatura a tajo abierto"     

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Edición No. 162, noviembre de 2014
Directores: 
Raúl Jaime Gaviria
Hernán Botero Restrepo 
Publicación de Revista Asfódelo






El muchacho de las fresas

Por Hernán Botero Restrepo

El muchacho estaba recostado contra el muro del  Instituto de Bellas Artes de la Universidad de Antioquia, en el Barrio Carlos E. Restrepo de Medellín, Colombia. A su lado, reposaba una canasta rebosante de apetitosas fresas de color carmesí; era muy temprano en la mañana, no habían transcurrido más que unos diez minutos desde las siete. Los vehículos que rodaban por la calle y los viandantes de la acera se podían contar con los dedos de las manos; de repente, apareció el señor,  que es como va a llamársele en este relato. Echó una mirada a las apetitosas frutas, pero no compró ninguna, para no complicarse con una bolsa en su camino, dejando atrás al muchacho y su frutal mercancía. Dio tres o cuatro pasos, cuando se oyó tildar por este, en alta y burlona voz, de despeinado.  Siendo como era el señor no iba a quedarse callado y girando la cabeza hacia el muchacho lo increpó con estas palabras: -y a usted que le importa ¡imbécil! Las cosas entre el muchacho y el señor no pararon allí, el segundo desanduvo la distancia que lo separaba de aquel, y antes de que el muchacho pudiese hacer algo, se inclinó, tomó la canasta de mimbre y con un movimiento violento lanzó todo su contenido a la calle, que era una de doble vía, en el momento en que el semáforo cambió de rojo a verde.

El muchacho que contaría con veinte años o un poco más, se levantó al ver el estropicio de sus fresas y vociferó, una vez en pie: ¡esta me la pagás, desgraciado! El señor, de una edad que se podía calcular entre los treinta y los treintaicinco, bien vestido por cierto, era un hombre fornido contra el cual en un match cuerpo a cuerpo hubiera llevado las de perder, pues él era flacucho, tirando a esquelético y el señor, con un puñetazo o un puntapié, habría dado con él contra el suelo.

El señor, ante la inferioridad de su adversario, no sintió el menor temor, y convirtiendo sus dos manos en instrumentos super eficaces para lo que se había propuesto, revolcó el cabello del muchacho, hasta dejárselo convertido –a su escala- en un pajonal sobre el cual un ciclón hubiese desencadenado su furia.

-Despeinado, despeinado- casi cantó el señor  -quedaste como la muchacha de la canción de hace tantos años, la de la carita deliciosa, pero que tenía el pelo vuelto “un desastre universal”. A continuación el señor extrajo de uno de los bolsillos de sus pantalones su billetera, la abrió, examinó su contenido y extrajo un billete para luego decir al muchacho: -es un billete de cincuentamil, es para ti, tu mercancía no valía tanto, incluyendo la canasta. Dejó caer el billete a los pies del muchacho y agregó: -y mucho cuidado con el respeto a los demás-. Sin articular palabra, el muchacho guardó el billete en uno de sus bolsillos.

El señor emprendió la marcha mientras pensaba: -qué sorpresa se va a llevar el muchacho cuando se dé cuenta de que el billete es falso.


Se detuvo, el vidrio de la ventana  de una zapatería para mujeres reflejó su imagen, toda correcta, con la excepción de un grueso manojo de cabellos, que desde su occipucio se elevaba como una veleta sobre su pelo. –En el primer establecimiento público que abra me arreglo el pelo -se dijo muy para sí. Uno puede dar la impresión de estar loco por lo desorganizado que esté, pero nadie tiene el derecho a burlarse por ello. Bien merecido tuvo lo que le hice, el vendedor de fresas. Y volvió a sumergirse en sus profundos abismos mentales: -¿si yo le comprara un par de zapatos bonitos a Marina con uno de los billeticos de los que le tiré al muchacho? … Pero mejor no, decidió de manera tajante, esta gente del comercio sabe distinguir un billete falso de uno auténtico. Lo mejor que puedo es deshacerme de ellos, negociando con alguien que no tenga cara de distinguirlos, como un ama de casa o un cura- Al punto suspendió sus cogitaciones porque una tienda que frecuentaba a menudo acababa de abrir y entró en ella para arreglarse la melena.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

INCONVERS.O.S. por Raúl Jaime Gaviria (poemas 13-15)

GUADAÑAZOS PARA LA                           
BeLLA ViLLA            
                " La literatura a tajo abierto"     

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Edición No. 161, noviembre de 2014
Directores: 
Raúl Jaime Gaviria
Hernán Botero Restrepo 
Publicación de Revista Asfódelo



INCONVERS.O.S. por Raúl Jaime Gaviria (poemas 13-15)





POR UNA POESÍA ETÍLICA

Desconfíen de los poetas
que pretenden escribir “buenos” poemas
la poesía y la estilística no se la van
les propongo más bien una poesía etílica
que agote sus alcoholes en cada verso
yo mismo he intentado escribir “buenos” poemas
algunas veces
y muy pronto me daré al cometido de escribir más
quizás hasta haga un libro repleto de ellos
y lo publique
tan solo por darme a mí mismo
el placer de escribir una diatriba
a modo de prólogo
que los triture hasta pulverizarlos
porque como ya lo he dicho
no creo en los “buenos” poemas
como tampoco creo en los “buenos” poetas
la virtud de la bondad se la dejo a mis perros
que jamás han intentado morderme
o a mi gato Fritz que es bueno para cazar ratones
o a mi pececillo dorado porque simplemente no puede ser
[malo
¿Cómo podría serlo con una cola tan hermosa?
Les repito, desconfíen de los “buenos” poetas con sus
“buenos” poemas
la poesía si es verdadera ha de parecerse a la vida
y yendo más allá diría que las dos han de ser lo mismo
viendo las cosas como son
la vida para la humanidad de hoy no es buena
con su carga de guerras
y desastres ambientales y extraños virus
y poderes despóticos
y terrorismos mediáticos.
¿Entonces, porque pretender en medio de tanta penuria
escribir buenos poemas?
Solo nos queda emborracharnos
y escribir mal,
lo peor que se pueda.



NÁUSEA

Tras la náusea
el eterno vómito de palabras
imparable.
Luego, la vergüenza y la culpa
por haber recaído
                                           … en el poema




POEMA FOSILIZADO

No sé si alguna vez se haya poetizado
o intentado poetizarse
el acto mismo de escribir un poema quizás si se hizo
en noches (o días) antiguos
cuando elegantes plumas de ganso
se utilizaban para pergeñar versos
muchos de ellos inmortales
y otros no tanto como estos quizás
pudieron llegar a escribirse en tinta de sangre:

Mientras la savia de los labios de Calíope
permanece aún húmeda en mi frente
los versos más sentidos
dados a la luz por el beso sagrado
navegan ya por mis venas
y pronto arribaran al puerto de mis poemas.

Los de hoy son tiempos más prosaicos y el cantar in situ
la elaboración de un poema
ha perdido todo encanto
a más de lucir poco natural y quizás hasta excéntrico
sin embargo a falta de otro tema
que ilumine mi poco inspirada testa he decidido escribir este poema
que asimilo más bien
con un fósil paleozoico
que podrá servir de testimonio a futuras generaciones
acerca del hecho extraordinario de que a la era de internet
logró sobrevivirle un poeta.