martes, 17 de julio de 2012

La novela que tantos han matado goza de cabal salud

GUADAÑAZOS PARA LA                                 
BeLLA ViLLA            
                " La literatura a tajo abierto"     

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Edición No. 27, julio  de 2012
Directores: Raúl Jaime Gaviria / Hernán Botero Restrepo
Publicación de Revista Asfódelo
Correo electrónico: revistasfodelo@yahoo.com

La novela que tantos han matado goza de cabal salud 

Raúl Jaime Gaviria

Sí fuera cierta la temeraria afirmación de que la novela ha muerto, tendríamos entonces que admitir también el fin de la historia. Y este mero hecho haría imposible que se siguieran relatando las miles de historias que se producen hoy en día y que de una u otra forma se enmarcan dentro del género novelístico. De ahí que aún a riesgo de mantener el nivel de temeridad contenido en el postulado inicial,  podría llegar a afirmarse, con un mayor grado de certeza, que quizás la poesía se encuentre en un más alto nivel de riesgo de desaparecer de la faz de la tierra que la novela. Y  si tomamos por cierto aquello de que la novela le habla al hombre mientras que la poesía le habla a los dioses, el reciente descubrimiento de la llamada "partícula de dios"  debería haber puesto a pensar a más de un poeta si no sería mejor ir  buscando otro oficio, más adecuado a los tiempos, como por ejemplo dedicarse a escribir vigorosas y excitantes novelas que apelen a la naturaleza del homo sapiens. Fuera de broma ,y lo digo como novelista, soy de la convicción de que la novela está hoy más viva que nunca.

El mundo atraviesa por uno de los períodos más axiales de su historia y lo mejor y lo peor están aún por venir. En resumen, hay mucho por contar y poco tiempo para perder en vagas ensoñaciones. Dadas las nuevas tecnologías de la información las historias se encuentran más accesibles que nunca y si, apegándonos a la famosa paradoja felina de Schrödinger, en la que mientras no se abra la caja no se sabrá con certeza que le ha sucedido al gato, podríamos también decir que de un momento a otro, esas millones de historias, anteriormente ocultas, han estallado de improviso ante nuestros ojos, mostrándonos un inédito panorama hacia el futuro y proveyéndonos de un material de incalculable valor, para, como alquimistas de la palabra, lograr transformarlo  en el crisol de nuestro diario quehacer como novelistas. Y aunque no sería tan atrevido como para decir que un Victor Hugo nacido hoy sería más genial de lo que lo fue el gran escritor galo en su tiempo, lo que si puedo afirmar sin temor a dudas es que dispondría de  otras herramientas más precisas que unidas a esa genialidad quizás nos depararían grandes novelas con el sello actual. Lo más importante no es el hecho de que la aldea global preconizada por Mac Luhan ya se encuentre aquí, lo importante es el qué vamos a hacer con ese vasto caudal de información que a modo de inmenso tsunami se nos vino encima. De todas formas y en consonancia con el popular adagio, estoy de acuerdo en que es mejor pecar por exceso a hacerlo por defecto. Se trata entonces de una excelente noticia para los novelistas y sus lectores y una no tan buena para los poetas, el paraíso al que tantos bardos, aún hoy, y por increíble que parezca, aspiran a retornar con su dotación de animales fantásticos y desnudas odaliscas, ha llegado a nosotros bajo otras formas y está disponible ya en la web y otros medios desde hace algún tiempo y con fortuna muchos novelistas avisados se alimentan ya de sus frutos. Recrear la historia a través de las historias que de ella se desprenden, he ahí la misión del novelista contemporáneo, estar atento al flujo constante que lo atraviesa todo el tiempo y a todas horas. No, definitivamente la novela no ha muerto, aunque los poetas, esos novelistas perezosos al decir de William Burroughs afirmen lo contrario.


P.D  Tocando pista en este tema tan espinoso, que nos obliga a elevarnos conceptualmente a tanta altura, se observa que por más sensibles y lúcidos que puedan hallarse y ser hallados los miembros de la Real Academia Sueca en los últimos años, encuentran estos muchísimo más difícil la tarea de topar con un poeta de suficiente valía como para ser acreedor del Premio Nobel de Literatura que hallar a un novelista de igual nivel. Basta con repasar la lista de los galardonados en los últimos cincuenta años para  comprobarlo.