lunes, 9 de septiembre de 2013

Sobre "Lady Masacre" de Mario Mendoza

GUADAÑAZOS PARA LA                           
BeLLA ViLLA            
                " La literatura a tajo abierto"     

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Edición No. 99, septiembre de 2013
Directores: 
Raúl Jaime Gaviria  (revistasfodelo@yahoo.com)
Hernán Botero Restrepo (boterohernan@yahoo.com)
Publicación de Revista Asfódelo
Colaborador permanente: Rubén López Rodrigué






Sobre Lady Masacre de Mario Mendoza

Raúl Jaime Gaviria


Si alguien me preguntara cuál es la novela colombiana que más he disfrutado recientemente, sin lugar a dudas, le respondería que Lady Masacre de Mario Mendoza. Debo reconocer que mis preferencias literarias no pasan precisamente por la literatura nacional más contemporánea y esto porque las veces que me he dejado llevar por recomendaciones mediáticas de novedades literarias locales y nacionales gracias a calificativos tan llamativos como: “la mejor novela escrita en Colombia en los últimos diez años” o “el secreto mejor guardado de la literatura colombiana”, y otras perlas por el estilo, me he sentido francamente decepcionado (y con complejo de culpa) luego de acometer dichas lecturas. Con Mario Mendoza me sucedió algo particular, uno de mis buenos amigos, quien sin duda debe estar entre los mejores lectores de este país, me venía arengando (literalmente), desde hacía algún tiempo, para que leyera algo de Mendoza, y fue tal su insistencia que una tarde, luego de una larga conferencia telefónica, en la que el tema volvió a surgir, finalmente le prometí que esta vez sí le haría caso. Tan pronto colgué, me dirigí a la librería más cercana con la sorpresa de que Mendoza acababa de publicar una nueva obra titulada Lady Masacre. Cuando retorné a mi casa inmediatamente inicié la lectura, aunque no sin cierta tristeza, ya que me vi obligado a dejar sobre mi mesita de noche, a medio terminar, nada menos que la novela Caspar Hauser de Jakob Wasserman cuya obra maestra El hombrecillo de los gansos me había fascinado. Lo cierto es que terminé de leer Lady Masacre esa misma noche y no me decepcionó en ningún sentido.

La novela presenta como personaje principal a Frank Molina, quien luego de abandonar forzosamente el ejercicio del periodismo a causa del síndrome bipolar que padece (que deriva en una vida desordenada por el alcohol y las drogas) decide cambiar radicalmente de vida y se hace detective privado. Molina es contratado por la hermana de un congresista asesinado en extrañas circunstancias que desea a todo trance que el crimen se resuelva. El personaje se ve sumido en una atmósfera de intrigas, amenazas y  sucesos en apariencia absurdos por lo que se le hace difícil distinguir los hechos de la vida real con las producciones fantasiosas de su mente enferma. Es interesante ver como cohabitan de manera hostil en un mismo cerebro dos Frank Molina, el tierno con el violento, aquel capaz de dar amistad con aquel otro para quien solo es posible generar odio y deseos de destrucción hacia sus semejantes; esta doble faz que esconde una vida dual se encuentra presente, en mayor o menor medida, en todos los personajes de la obra como en el caso de Gaby López cuyo seudónimo en el mundo de la lucha libre bogotana es Lady Masacre y que da nombre a la novela y en un contexto más general se extiende a toda la nación colombiana donde, de un lado, se encuentran los amos del poder (políticos, mafiosos, grandes empresarios) y, del otro, aquellos hombres y mujeres surgidos de la entraña popular a los que, por décadas, estos megapoderes han violado sin contemplación sus derechos. Así como existen dos Frank Molina, también existen dos Colombias en permanente conflicto, obligadas a convivir juntas de manera precaria y a entenderse de alguna manera so pena de derrumbarse definitivamente como sociedad.

Lady Masacre es quizás la novela colombiana que más se ha acercado al formato de la llamada novela negra, tan popular hoy en Europa y Norteamérica, y en la que se evidencia cierta ambigüedad moral por parte de los protagonistas (baste con recordar a Philipe Marlowe de Chandler, Sam Spade de Hammett, Lew Archer de Ross Macdonald o a la fantástica Lisbeth Salander de Larsson), aunque siempre subyazca en ellos un fondo ético más rico surgido a partir del contexto de sus particulares y complejas historias de vida que no se halla sometido al rígido esquema blanco-negro, cosa impensable en el antiguo género de la detection novel (Poe, Conan Doyle, Agatha Christie), donde la frontera entre buenos y malos estaba perfectamente establecida.

Lo cierto es que con Lady Masacre de Mario Mendoza ha quedado demostrado que, al contrario de la burda caricatura pseudoliteraria ofrecida por la desafortunada novela sicaresca, tan en boga en una época en Colombia, sí que es posible desarrollar en nuestro país una buena literatura que presente como marco de referencia nuestra cruel realidad nacional desde una perspectiva inédita y creativa y que, aparte de contar una historia, nos presente a los lectores personajes de carne y hueso de fina tesitura sicológica, que logren no solo conmovernos sino reflejar aspectos de lo que somos.