martes, 24 de septiembre de 2013

Algunas inquietudes en torno a la obra de Julio Verne

GUADAÑAZOS PARA LA                           
BeLLA ViLLA            
                " La literatura a tajo abierto"     

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx
Edición No. 101, septiembre de 2013
Directores: 
Raúl Jaime Gaviria  (revistasfodelo@yahoo.com)
Hernán Botero Restrepo (boterohernan@yahoo.com)
Publicación de Revista Asfódelo
Colaborador permanente: Rubén López Rodrigué (rdlr@une.net.co)



    



Algunas inquietudes en torno a la obra de Julio Verne
Hernán Botero Restrepo

Julio Verne fue el invitado de honor a la Fiesta del Libro y la Cultura que se celebró este año en la ciudad de Medellín. El por qué merece serlo, como yo lo creo, es un tema que hay que desglosar con el cuidado crítico debido.
    Verne no es solo el anticipador de la ciencia ficción de nuestro tiempo (que es la idea que por lo general se tiene de él). El escritor, nacido en 1928 y muerto en 1905, es mucho más que eso. Sin pretender agotar la temática que se desprende de tal aseveración, señalaremos  algunos de los hechos literarios que prueban lo correcto de tal afirmación.
      Las aproximadamente ochenta novelas del ciclo “Los viajes extraordinarios” no son en su mayoría relatos de anticipación científica; Verne dio a la luz obras que no son miradas anticipatorias y que están a la altura artística de Viaje a la luna y Alrededor de la luna, las dos novelas de la producción verniana más comprometidas con la ciencia. A vuelo de pájaro, nos encontramos con cuatro magníficas novelas históricas: El camino de Francia (sobre la guerra franco-prusiana); El archipiélago de fuego (sobre la pugna entre griegos y turcos en tiempos de Mavrokordatos); Familia sin nombre (sobre las luchas entre ingleses y franceses en el Canadá) y por último Norte contra Sur (sobre la guerra de secesión norteamericana y que coincidió con la época en que vivió el autor).
     Por otra parte, Verne es uno de los grandes humoristas franceses, en el campo de la ficción cómica ha dejado dos obras, tan vivas y regocijantes como: Kerabán el testarudo y Escuela de Robinsones (genial parodia del libro de Defoe). La poliédrica literatura verniana no se agota en sus novelas científicas,  de viajes exploratorios, históricas ni humorísticas, a ellas hay que agregar esas enigmáticas novelas póstumas que son: La aventura de la misón Barsac; Los quinientos millones de la Begún y Los náufragos del Jonathan (1909), novelas inconclusas que fueron ampliamente modificadas por Michel, el hijo de Julio Verne,  y que constituyen, las dos primeras, una sobrecogedora premonición de lo que fue el nazismo y la última, (Los náufragos del Jonathan), una vívida radiografía de la problemática de una sociedad construida sobre ideales revolucionarios (anarquistas y socialistas) que acaba corrompiéndose.
       Dada la importancia del papel que la música desempeña en ellos, nos referiremos a dos novelas vernianas, una de sobra conocida y la otra casi olvidada: La isla misteriosa y La isla a hélice. En la primera el capitán Nemo, sentado frente al inmenso órgano que ha hecho construir e instalar en el Nautilus, se abisma en una música que, si bien Verne no revela por quién fue compuesta, podríamos pensar que lo fue por Bach dada la solemnidad de la atmósfera escénica y la grandeza del intérprete. Pasando de la música ala filosofía, una novela breve, El eterno Adán, una novela corta, el zartog Sofr-Aï-Sr (una especie de Zaratustra), sostiene, contra la teoría del progreso infinito de la época, la del eterno recomenzar de la civilización, que lo acerca al Nietzsche del eterno retorno de lo mismo.
     Para concluir, queremos recordar que hay dos novelas de Verne que son pura imaginación poética narrativa: Las indias negras y El castillo de los Cárpatos que, al contrario de lo que muchos piensan, demuestran que Julio Verne no es un autor exclusivamente para un público lector juvenil sino que lectores que han alcanzado su plena madurez, pueden disfrutarlo incluso con una mayor hondura y extraer de ese profundo pozo de sabiduría literaria las riquezas más raras y espléndidas, a las que un lector menos avezado no tendría acceso.