jueves, 24 de julio de 2014

Un músico como no hay dos

GUADAÑAZOS PARA LA                           
BeLLA ViLLA            
                " La literatura a tajo abierto"     

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Edición No. 147, julio de 2014
Directores: 
Raúl Jaime Gaviria
Hernán Botero Restrepo 
Publicación de Revista Asfódelo






Un músico como no hay dos
Por Hernán Botero Restrepo

I

No voy a referirme a Johan Sebastian Bach ni a Wolfgang Amadeus Mozart, músicos como no hay otros, voy a ocuparme de un ser humano que en Medellín hace música a pesar de que la genética lo condenó a nacer sin brazos (su torso remata en sus hombros). ¿Qué cómo hace música en ese grado de minusvalía física? Lo hace tocando una armónica de respetables dimensiones, asegurada a su cuello por un ingenioso dispositivo. Digo a propósito de este increíble ser humano, que como él no hay otro músico, porque cuando lo escuché, desgraciadamente durante menos de un minuto, mis oídos captaron, y muy bien, porque la armónica está conectada a un amplificador que le confiere una potencia acústica casi sinfónica, una destreza en el uso del instrumento que junto con una armonía innegable lograba una continuidad melódica impresionante. El músico sin brazos, que puede frisar en la cincuentena, toca su instrumento recostado contra un muro de un viejo edificio de una de las vías por las que atraviesa la Avenida Oriental macro vía central de la ciudad de Medellín.

La gente que pasa frente él  –casi nadie se detiene a escucharlo– deposita, de vez en cuando, en una cajita una moneda y sigue de largo. Esto fue casi exactamente lo que hice yo. ¡Qué inhumanidad y mezquindad por no decir vileza!  ¡Cómo no haberme detenido, aun teniendo un poco de prisa, para escuchar al músico sin brazos hasta que terminara de ejecutar la melodía que estaba  tocando, y haberle preguntado por su repertorio y decirle  que tocara una obra que estuviera incluida en este.

Confieso haber actuado casi de forma totalmente igual a la de las personas no provistas de un sentido de alteridad y de un auténtico sentimiento humano. –Gracias- me dijo el músico sin brazos, con su voz amplificada, cuando dejé caer una moneda en su no muy nutrida cajita, interrumpiendo (¡qué vergüenza!) su ejecución musical, que alcancé a juzgar como impecable, por su fuerza y por la destreza con la que alternaba los sonidos graves y los agudos de su dulzaina , que es como denominamos en muchos de los países de habla española a la armónica  y a la que también se le llamaba, hace tiempo, organillo de boca.
Dado la anterior, tomé la resolución de portarme como es debido la próxima vez, que espero sea muy pronto, que me encuentre al lado del músico sin brazos.


 
II
A todo lo anterior, de por sí extraordinario, he de agregar que en los segundos en que escuché al músico sin brazos, no pude discernir si este tocaba algo popular o clásico. De lo que estoy seguro es que desde mi encuentro (en grabaciones por supuesto) con  la música del gran virtuoso de la armónica Larry Adler no  había escuchado una interpretación tan impetuosa como la del músico sin brazos.

Más tarde, tres o cuatro horas después de haber realizado una muy aburrida diligencia bancaria, mis pensamientos en torno a la existencia de alguien como el músico sin brazos se transformaron en profundos. Pensé por ejemplo que ni en toda la literatura universal, ni en todos los dramas y novelas, ni en el cine  existe  un  personaje similar a este músico sin par del que hablo. Sé muy bien que el músico ruso Vladimir Korolenko escribió la obra El músico ciego  y que el gran compositor español Joaquín Rodrigo era invidente. Sobre esto también pensé: -hacer música, música instrumental, careciendo de las extremidades superiores es algo que se sale de lo ordinario para pasar a lo insólito. Sin embargo mis pensamientos más profundos no fueron esos sino estos de que para terminar doy cuenta:- Si el músico sin brazos, que es un hombre de modestísima posición social, buscó una forma de ganarse la vida, ¿cómo fue que se le ocurrió tocar precisamente la armónica? Una hipotética respuesta a esta pregunta podría ser que desde niño el espíritu de la música se posesiono de este fabuloso personaje-.

Coda:
Pensé también en los que pintan con la boca y con el pie, algunas de cuyas obras conozco en pequeñas litografías y en algunas de las cuales he encontrado innegables logros estéticos.

Dos consejos al lector:
1)      Si algunos de los que me leen residen en Medellín o pasan por la ciudad busquen al músico sin brazos, vale la pena hacerlo. Y no vayan a cometer el mismo error que yo cometí de no escucharlo con el debido respeto.
2)      Si otros lectores hacen crítica de artes plásticas traten de buscar en internet reproducciones de las obras de los pintores con la boca y con el pie (así se denomina la Asociación que los reúne en Colombia).